El gran impacto ambiental del Black Friday

Asociaciones ecológicas como Greenpeace han puesto en tela de juicio el consumismo masivo que se da en esta fecha, con el objetivo de concienciación de la población y de preservación del medioambiente
Una calle repleta de anuncios del Black Friday. Fuente: Libertad Digital / Alamy

El “Black Friday”, de origen estadounidense, es una fecha en la que se inaugura la temporada de rebajas en tiendas minoristas y en grandes centros comerciales. Esta fecha permitía que las empresas y comercios pasaran de números rojos a números negros antes de comenzar el nuevo año. Sin embargo, lo que comenzó siendo un día pasó después a tener una duración de una semana y, ahora, abarca aproximadamente un mes.

El impacto ambiental no ha pasado desapercibido para las asociaciones ecologistas. Tal y como argumenta la organización Greenpeace, “esa fecha nos destruye, todas esas compras tienen grandes costes ambientales que repercuten directamente sobre nuestras vidas”.

Se trata de una fecha en la que se produce un sobreconsumo que da lugar a una aceleración grave, pero peligrosa, del cambio climático. Sólo la producción, el transporte o el embalaje de todos los artículos a la venta ya generan aproximadamente seis veces más que un día cualquiera, según un estudio que se hizo del “Viernes Negro” en Madrid de 2019. A esto se le añade el transporte de los usuarios a los centros comerciales con sus respectivas emisiones de CO2, además de los gases que producen los productos mismos durante su ciclo de vida completo y su gestión posterior como residuos que, además, se incrementan al haber más deshechos de empaquetado.

Por otro lado, y no menos importante, el aumento de la demanda provoca la aceleración del curso normal de extracción de materias primas provocando que “en el año 2060 se necesitarán 190 billones de toneladas para hacer frente a la demanda” según la organización ecologista.

Por este motivo, el pasado viernes los ecologistas se manifestaron contra el Black Friday y su afectación en Gran Vía, Madrid, donde colocaron una gran caja de 250 kilos a modo de “envío de paquetería” con la bola del mundo dentro y, a los lados, situaron dos códigos de barra con el lema “El Black Friday consume el planeta”. El objetivo era llamar la atención de instituciones, ciudadanos y empresas para denunciar el e-commerce a gran escala, el consumismo desaforado y sus consecuencias.

Campaña contra el Black Friday en Gran Vía, Madrid. Fuente: Greenpeace

El comercio electrónico supone un grave impacto debido a que los envíos rápidos y a domicilio, como los de empresas como Amazon Prime, requieren más energía que los envíos normales. Así, la entrega de paquetería urgente supuso en China en 2018 una generación de casi 13 millones de toneladas de emisiones de carbono.

Además, el Covid-19 ha pronunciado especialmente el auge de este comercio, que se prevé que alcanzará cifras récord, y la consolidación de una inmediatez que se constituye como una de las principales causas de una, cada vez mayor, emisión de gases dañinos en un contexto de cambio climático exacerbado. Sin tener en cuenta el aumento de devoluciones por tener más facilidades o la congestión y contaminación de las zonas en las que este tipo de comercio opera.

Un repartidor de Amazon con prisa. Fuente: El País / Víctor Sainz

Por su parte, los pequeños empresarios tampoco han salido beneficiados de esta dinámica, ya que los grandes descuentos solo favorecen a las grandes empresas.

Contra esto, algunas empresas han puesto en marcha iniciativas como la entrega de prendas de segunda mano, a cambio de poder hacer compras a su empresa durante el Black Friday, fomentando así el reciclaje y la sostenibilidad de las compras y el consumo.

También existen iniciativas y campañas como el “Día Mundial Sin Compras” o el denominado “Green Friday”, que toma el mismo día aunque distinto color, y con lo que se pretende fomentar el consumo sostenible, respetuoso y responsable de los ciudadanos así como el compromiso con el medioambiente.

Así, activistas como la responsable de la campaña de Ciudades de Greenpeace, Alba García, consideran necesario “implementar cambios en las ciudades y en los patrones de consumo para afrontar la emergencia climática y la pérdida de biodiversidad”. Asimismo se aconseja el consumo local, de intercambio y de reparación de los productos en lugar de la apuesta por los gigantes del consumo para evitar incurrir en el consumismo compulsivo que alienta la mayoría de empresas.

Lo que sale más barato ahora, saldrá más caro en un futuro.



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