Ataques machistas con ácido sulfúrico

Las agresiones hacia la mujer con ácido sulfúrico no son casos aislados ni exclusivos en los países orientales. A raíz del caso reciente de violencia de género ocurrido en Cártama (Málaga), es preciso cuestionarse si las víctimas de este tipo de ataques tienen suficiente voz en los medios. ¿Es esta una nueva práctica o ya eran comunes estas agresiones en el pasado?

El ataque con ácido sulfúrico, nítrico o clorhídrico consiste en arrojar sobre la piel de la víctima dichas sustancias. Algunos de estos líquidos son fáciles de adquirir en muchos países. Con ellos, el agresor tiene como finalidad torturar, matar o desfigurar.

Fuente: Luciana Peinado
¿Dónde situamos el punto de partida?

Para conocer sus inicios como fin de hacer daño a la mujer, hay que trasladarse a finales del siglo XIX. Concretamente a los países occidentales de Francia e Inglaterra. La razón por la cual se justificaba la Vitrioleusse (así se denominaba a este acto), se basaba en que las mujeres eran infieles a sus maridos, aspecto considerado como crimen en la sociedad de la época. Algunas mujeres de clase Media o Burguesa lo usaban contra sus maridos, por la misma razón.

A partir del siglo XX y la llegada del siglo de las guerras, los crímenes con este ácido disminuyeron, ya que era necesario para la guerra y/o el avance del movimiento feminista. El papel de la mujer comenzó a cambiar en la sociedad.

“El suceso ilustrado”. Fuente: Público
Visión internacional actual

Tras la disminución de los casos, observamos que en la actualidad la violencia machista con este ácido esta aumentando sobre todo en países asiáticos como Bangladés, India, Pakistán, Camboya, Nepal, etc.

A pesar de la búsqueda de estadísticas o datos en nuestro país sobre víctimas que han sufrido este tipo de agresiones, no se encuentran apenas estudios. Acid Survivors Trust International (ASTI) es una asociación especialiazada en este tipo de violencia machista vinculada con la ONU. Sus estudios confirmaron que al año se realizan unos 1500 ataques de los cuales el 80% corresponden a mujeres. En su página web se señaliza que estos ataques a parte de ser sufridos por mujeres, también lo son por niñas. Es decir, las menores tampoco se libran de este tipo de violencia machista.

Como se ha mencionado anteriormente, los mayores casos se dan en los países del continente asiático. Si nos acercamos a estos países, los datos ofrecidos no corresponden con lo que ocurre realmente, ya que muchos países no contabilizan los datos reales. Por tanto, la estadística que nos ofrece la ONU debemos interpretarla como orientativa. En el continente latinoamericano destaca el caso de Colombia, en el que se dan unos 100 ataques al año. O el caso de Uganda en el continente Africano con 384 casos en 2011.

Los datos ofrecidos anteriormente son de países que los solemos catalogar como subdesarrollados o en vía de desarrollo. Pero, esta realidad la tenemos más cerca de lo que pensamos. En dos países vecinos como Gran Bretaña e Italia también existen datos sobre estos ataques. En el primero, las víctimas suelen ser hombres y en el segundo las afectadas frecuentemente son mujeres. En Italia la tendencia está siendo al alza. La ultima cifra que se tiene sobre este territorio es del año 2016 cuando se dieron 27 casos.

Los países con mayores víctimas. Fuente: ASTI

Esta asociación afirma que el 60% de estos casos no se suelen denunciar, una de las principales causas es el miedo de las víctimas a represalias. Dando lugar a no obtener datos suficientes, reales y fiables.

Distintas soluciones para un mismo problema

A pesar de ser un problema a nivel mundial, la legislación se basa en medidas preventivas y punitivas. Las primeras, en algunos países como en Bangladés, reconocen este producto como un arma, pero en otros no. Esto es debido a que el ácido sulfúrico se usa para otros fines. Para que se pueda usar o adquirir se deberá tener una licencia, aspecto que favorece la creación del mercado negro, disminuyendo de ese modo la eficacia de estas medidas.

Las medidas punitivas son aquellas que conllevan un castigo a la persona que realiza el delito. Este delito en muchas ocasiones no es visto por los códigos penales de los distintos países como violencia doméstica ya que se suelen realizar fuera del domicilio de los particulares. Por lo tanto el castigo en estos casos sería leve. Sin embargo en países donde la situación es critica se endurecen las legislaciones, como es el caso de Bangladés que ha introducido la posibilidad de usar la pena de muerte o cadena perpetua si la situación de la víctima es grave. En la legislación Iraní también se incluye la posibilidad de la pena de muerte en estos casos. En la India se da la posibilidad de cadena perpetua y el agresor puede llegar a sufrir el daño que él mismo provoco a la víctima.

A pesar de presentar una reforma de medidas endurecidas, los casos en estos países siguen siendo muy elevados.

Mujer víctima de una agresión con ácido sulfúrico. Fuente: ASTI
Una agresión que va más allá de lo físico

Las consecuencias de estos ataques, si la víctima sobrevive, no son solo afecta físicamente (deformación facial) sino que también conlleva a consecuencias psicológicas. Fernando Acosta, psicólogo de la Secretaría de Salud Departamental afirmó para el medio El País: “La persona va a tener que hacer un duelo frente a la imagen que ha tenido de sí misma. Todos vivimos en un duelo permanente, pues todos envejecemos, pero cuando ese deterioro es de un momento a otro la persona cumple las etapas de duelo de no aceptación, rabia… y finalmente depresión” Además los efectos serán mayores si la persona que realizó el ataque tenia una relación estrecha (pareja) con la víctima.

“La persona va a tener que hacer un duelo frente a la imagen que ha tenido de sí misma. Cumple las etapas de duelo, de no aceptación, rabia… y finalmente depresión”

Fernando Acosta, psicólogo

Fuente: El País

Aunque su presencia en medios de comunicación se den como casos aislados, este tipo de violencia esta presente en la sociedad, y puede que más de lo que pensemos. La falta de datos y el miedo de las víctimas, da lugar a un silencio social. Este tipo de ataque aporta otro grano de arena a la violencia machista. Conocer los datos y saber su evolución debe ser importante para minimizar los casos y continuar la lucha contra la violencia de género.



Categorías:Sociedad

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