El Carnaval no necesita luchar para sobrevivir

El edificio de estilo neumudéjar construido con ladrillos rojos que se sitúa en la Tacita de Plata no es más que un símbolo de una gran parte de la historia de la zona. El Gran Teatro Falla, que aunque no ha sido el primer Gran Teatro si que ha sido el más conocido, ha visionado guerras, dictaduras, desobediencias… y este año, una pandemia. Si sus ladrillos se prestasen a hablar, seguro que sus palabras serían ricas en detalles y en vivencias. Pero como no lo hacen, Voz Nueva intentará hacerlo lo mejor posible como sustituto.  

Cartel informativo Carnaval 2021. Fuente: Ayuntamiento de Cádiz

2021 no es la primera pausa que sufre el Carnaval de Cádiz. La fiesta reconocida en el Patrimonio Histórico Andaluz ha tenido altibajos desde sus inicios, tantos que casi se podría decir que una pandemia mundial ha sido el menor de sus problemas. Actualmente el pueblo gaditano tiene fama de gracioso, de bromista, de pasota…E históricamente, de insurgente, capaz de encontrar la manera de romper lo establecido con mucha caradura. Sin embargo, este año se demuestra que si hay algo de lo que carezcan, es de irresponsabilidad

No hemos estado treinta años recogiendo revistas para recortar papelillos para la cabalgata, pero vamos a explicar un poco el contexto en el que se forma el carácter del Carnaval de Cádiz. Intentando, desde luego, no quedar de enteraos.

Fundada hace unos 3.000 años por los fenicios, Gades, Gadir, Cádiz, Cai es la ciudad más antigua de Occidente. Pero no mencionamos esto para hablar de épocas romanas y fenicias, ni para discutir sobre del monopolio de Ultramar del que disfrutaba la ciudad en el siglo XVII. Sino para destacar que son 3.000 años de antigüedad. En todo ese periodo da tiempo a que ocurran multitud de cosas, y ya por esas fechas se reiteraban las órdenes intentando desterrar el Carnaval. No era el Carnaval que conocemos actualmente, formado por agrupaciones; a ese llegaremos a finales del siglo XIX.

Primeros intentos de prohibición

En 1716 por orden de la Corona se prohíben los bailes de máscaras. Estas prohibiciones se repitieron durante todo el siglo. Pero Cádiz parecía encontrarse al margen. Vittorio Alfieri relata en su libro La vita (1788) que en 1772 visitó Cádiz, donde terminó “el Carnaval con bastante alegría”. También Henry Swinburne, escritor, viajero e hispanista inglés, comentaba tras su visita en 1776 “pues, estando prohibidos los bailes de máscaras, el pueblo se dedicaba a celebrar el Carnaval a su aire”. La influencia de la fiesta llegaba a todos los estratos y clases sociales.

Pese a los momentos difíciles que llegaron con el siglo XIX a la ciudad de Cádiz (como una fiebre amarilla que dejó más de siete mil víctimas), nada paró a los habitantes de celebrar sus bailes y fiestas. Ni siquiera el mismísimo Napoleón en su intento de conquista fue capaz de frenar el carácter gaditano. Y mira que no lo pusieron fácil, los franceses estuvieron dos años acampados, cercando las ciudades de Cádiz y San Fernando, bombardeando una ciudad que contenía a los refugiados de toda España. 

Cuando los bombardeos se dieron en vano, el diario Conciso de la época publica:

“Tan segura es la puntería y el alcance de los tales obusones, que de las 515 tiradas á Cádiz, han quedado la friolera de unas 475 en la bahía, donde ni un rasguño se sabe que hayan hecho a nadie, como no sea á algún besugo, ó dorada.”

No contentos con burlarse de los inútiles bombardeos franceses, de esa conquista que en intento se quedaba nacía la famosa coplilla: 

“Con las bombas que tiran los fanfarrones,

se hacen la gaditanas tirabuzones”

Como canción popular, tiene su parte de himno y su parte de verdad. Los tirabuzones, que pueden parecer a priori una metáfora de la despreocupación de los gaditanos por el pueblo francés, es una realidad. El plomo era usado por las mujeres gaditanas como pinza para rizarse el cabello. Este detalle anecdótico no es más que una forma de explicar el carácter gaditano, moldeado a base de mezclas culturales y una extraña memoria colectiva.

En estos primeros años del siglo XIX aparecen las primeras referencias al “Carnaval de las coplas”. Estas eran las primeras letras de carnaval interpretadas por grupos o cuadrillas. Aquí se encuentran, según el profesor José María León Domínguez, “coplas que ya incluían un componente humorístico e incluso satírico”. 

Viendo que intentar cancelar el Carnaval era entrar en una calle sin salida, y tras haber comprobado que celebrarlo era muy rentable, en el año 1861 se municipaliza el Carnaval. Por este proceso, el Ayuntamiento asume las competencias organizativas y presupuestarias. Aunque se permitían los disfraces y su exhibición en las calles de la ciudad, aún prohibían expresamente la parodia del poder político, militar o religioso.

El carnaval que conocemos y seguimos

Así llegamos a finales del siglo XIX, años en los que se desarrollan las agrupaciones que culminarán en lo que hoy día conocemos. Poco a poco se va formando lo que entendemos por repertorio, unas letras para parodiar y criticar, un disfraz común, un baile…Como las coplas no representaban a la burguesía, que ya sentía rechazo por el Carnaval callejero, se publicaron bandos que limitaban las libertades de las fiestas (especialmente aquellas letras que ofendieran a la moral o a los poderes políticos o religiosos). Sin embargo la fiesta sobrevive a la presión de la burguesía, manteniendo su carácter popular en todo momento. Sobre esto se escribió en el Diario de Cádiz:

“(…) en Cádiz se han hecho célebres esos pequeños grupos carnavalescos llamados Comparsas, que aunque tienen que considerarse, artísticamente hablando, muy inferiores a las grandes masas corales, consiguen llamar la atención. (…) no hay reunión familiar, humilde aristócrata, donde después de rendir culto a Mozart o a Bellini, se deje de cantar el tango gaditano de moda.”

Entrando ya en el siglo XX las agrupaciones comienzan a tomar cada vez más relevancia entre la sociedad y, pese a los controles del poder político, a ser acogidos entre la población de Cádiz. De esta época destacan algunos autores como Antonio Rodríguez, más conocido por su apodo, Tío de la Tiza, cuyo nombre quizás suena por Aquellos duros. Desde este momento cada vez  se le intenta sacar más rentabilidad a esta fiesta, hasta que para 1935 el presupuesto alcanza las 33.000 pesetas, y se adoptan también una series de medidas que el COAC mantiene a día de hoy.

Pero llega 1936, y con él una bajada del presupuesto, además de una nueva prohibición por miedo a la violencia en las calles. El clima político de estos años hace que proliferen las coplas de denuncia que cantan a la libertad, a la igualdad, o a los derechos, en un marcado aire reivindicativo sin precedentes. El Carnaval será prohibido desde el Gobierno General del ejército sublevado contra la República, prohibición que se mantuvo una vez terminada la guerra. Muchas de las agrupaciones durante esta época se reunían para cantar en clandestinidad, viendo sus coplas y tradiciones usadas como propaganda del régimen, en beneficio del gobierno, mientras mantenían una lucha personal y anónima contra la prohibición. Se reunían en los denominados “bachecitos”, (la trastienda de la Tienda de Crespo, cerca de la Plaza de las Flores en Cádiz, era uno muy concurrido) si llegaba la Guardia de Asalto, daban la contraseña y todo el mundo sabía que debía de parar. 

“Debemos tener en cuenta que el franquismo, además del componente religioso y moral integrista del nacionalcatolicismo, tenía una enorme prevención hacia el carnaval porque no era una manifestación pública masiva promovida por el mismo para exaltación del dictador o vinculada a algún acto o festividad religiosa (Vía Crucis, concentraciones eucarísticas, Semana Santa, Fallas, San Fermines, etc..).” Nos comenta Ana Beatriz, seguidora del Carnaval de Cadiz desde su infancia.

Las fiestas se recuperaron tras las explosiones en las minas de San Severiano en 1947, para que “el pueblo recuperase la alegría tras sufrir este suceso”. Pese a que la censura era uno de los elementos que caracteriza al Carnaval de esta época, en los años 50 las autoridades locales estaban dispuestas a flexibilizar las disposiciones municipales si a cambio aumentaban los ingresos en las arcas de la ciudad. Durante buena parte de la dictadura se mantuvo al margen la palabra carnaval, pasando las fiestas por al menos cuatro nomenclaturas diferentes, aunque todo el periodo es conocido generalmente como Fiestas Típicas Gaditanas.

Retrato familiar, Carnaval de Cádiz 1964. Fuente: Lucía Jiménez García

Pese a los esfuerzos por parte del Gobierno en demostrar que las fiestas que se celebraban no tenía nada que ver con los anteriores Carnavales (incluso moviendo la fecha al mes de Mayo), las agrupaciones se seguían desarrollando en esa fina línea entre lo permitido y lo permisible. De esta época destacan numerosos autores, pero en especial Paco Alba, por su relevancia en el Carnaval de Cádiz. Si “Los Duros Antiguos” es considerado como el himno oficioso del Carnaval, “El Vaporcito” de Paco Alba es el segundo himno. En 1973 aparecen por primera vez los cuartetos en el Concurso de Agrupaciones (Don Mendo y sus mendas lerendas). Tras la muerte de Franco a finales de 1975, el Carnaval comienza a recuperarse poco a poco en toda España. En 1976 se celebra por última vez en Mayo, bajo el nombre de Fiestas Típicas Gaditanas, los que generó fuertes críticas:

“Fiestas Típicas Gaditanas, eso no nos dice ná.

Nosotros lo que queremos, Carnaval, Carnaval, Carnaval”

El carnaval 2021

Desde esa época, las agrupaciones recuperarán el espíritu crítico que algunos perdieron y otros habían tenido que camuflar durante la dictadura, e irá en aumento hasta la actualidad. 

Si hay una característica principal para el Carnaval de Cádiz, es la creatividad. “En Cádiz, ser creativo es una forma de vivir y de comportarse. Nadie necesita ir a una escuela de arte para aprender algo que es intrínseco a sus ciudadanos por nacer aquí, donde el arte brota de una manera natural” comenta el director Marko Simic. 

Como hemos podido desarrollar anteriormente, una pandemia no es la primera piedra que se encuentra en el camino del Carnaval de Cádiz. Sin embargo, por primera vez nos encontramos con una pausa que no nace de la censura. La pausa de este Carnaval 2021 es una decisión activa de la población gaditana, que sabe cuándo rebelarse y cuándo reservar las ganas por el bien común. Porque a un pueblo que nada ha podido pararle, si no está celebrando de puertas pa’entro para intentar levantar los ánimos de su gente (algo muy necesario en estos momentos), es porque le puede la responsabilidad a las ganas de cachondeo. Algo a tener en cuenta en un futuro, antes de extender estereotipos innecesarios.

Para aquellos que se han quedado con ganas de carnaval, el programa El Palco del Falla de Onda Cádiz ofrece un contenido muy especial:



Categorías:Sociedad

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