Ann Cole Lowe: un claro ejemplo del sueño americano

Ann Cole Lowe fue la primera diseñadora de moda afroamericana de alta costura. Comenzó siendo una costurera de Alabama y terminó realizando diseños para las estrellas de Hollywood y mujeres de la alta sociedad norteamericana.
Ann Cole Lowe. Fuente: The Vintage Woman

Vida temprana.

Ann Cole Lowe nació en Clayton, Alabama en 1898. Era bisnieta de una mujer esclava y del propietario de una plantación de Alabama. El interés de Lowe por la moda, la costura y el diseño provino de su madre Janey y su abuela Georgia, quienes trabajaron como costureras para las familias de Montgomery y otros miembros de la alta sociedad. Hay historias sobre Ann creando flores de telas cuando solo tenía 6 años, elementos decorativos que se convertirían en una de sus firmas, detalles que le llevaron a las mujeres a pagar por su trabajo.

Cuando tenía 16 años, su madre, que estaba a cargo del taller de costura tras el fallecimiento de su abuela, fallece de forma inesperada dejando inacabado unos vestidos que debían ser entregados en pocos días. Ante esta situación, Lowe no tuvo más remedio que terminar los vestidos tal y como lo había visto hacer cientos de veces. Las clientas quedaron muy satisfechas y Ann continuó trabajando, pero tenía la ambición de confeccionar sus propios diseños.

Al poco, se casó con un señor muy tradicional que le pidió que dejara de trabajar para centrarse en las labores del hogar y en los futuros niños. Ann se quedó embarazada y tuvieron a su único hijo, Arthur. Estuvo un tiempo sin trabajar hasta que la mujer de un magnate de Florencia, que conocía el talento de Ann, le ofreció diseñar su traje de novia. Algo que ella siempre había querido. Ante tal oferta, Lowe no podía rechazar esa oportunidad.

Carrera profesional.

Ann sabía que debía que prepararse mejor. En 1917 se trasladó con su hijo a Nueva York, donde se inscribió en la Escuela de Diseño ST Taylor. Como la escuela estaba segregada, Lowe tuvo que asistir a clases sola. La diseñadora sufrió en silencio las humillaciones y se centró en sus diseños. La destreza que tenía era tal, que cuando se graduó sus profesores le pidieron permiso para mostrar sus trabajos a los nuevos alumnos como ejemplo de como se tenían que hacer las cosas.

En 1919 con el título de diseñadora, regresaba a Tampa, Florida donde abrió su primer taller. El éxito fue inmediato, y tuvo que contratar a 18 costureras para que le ayudara a satisfacer la demanda de pedidos.

Poco a poco fue ahorrando y se atrevió a abrir un taller en el barrio de Harlem en Nueva York. En esta nueva aventura, le acompañaba su hijo como asesor en el terreno comercial. Aunque era muy buena en el diseño y la costura, era un auténtico desastre para las finanzas y los clientes se aprovechaban de ellos.

Durante un tiempo, estuvo trabajando a comisión para tiendas como Henri Bendel, Neiman Marcus o Saks Fifth Avenue y estos se encargaban de vender sus creaciones

Cuando su clientela estaba comenzando a consolidarse, llegó la Gran Depresión y subsistió como pudo rebajando muchísimo los precios y, por si fuera poco, sus diseños no podían llevar su firma. Primero, porque algunas mujeres no hubieran comprado sus vestidos. Segundo, porque los almacenes tenían la costumbre de poner el nombre del almacén en las etiquetas de todas las prendas. Un claro ejemplo fue cuando la actriz Olivia de Hovilland compró uno de los diseños de Ann en uno de esos grandes almacenes. Quería lucirlo en la gala de los Oscar cuando ganó la estatuilla a mejor actriz en 1946.  

Olivia de Hovilland en la gala de los Oscar del año 1946. Fuente: The Vintage Woman

Ann quedó encantada al ver que una de las grandes estrellas de Hollywood llevaba uno de sus diseños. Sin embargo, la actriz no sabía que había sido creado por ella. Asimismo, el trabajo de esta diseñadora era cada vez más reconocido. Su estilo no dejaba indiferente a nadie y llevaba su propio sello.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Ann volvió a tener clientela con gran poder adquisitivo. Los eventos como ir al ballet o a la ópera le estaba generando un gran beneficio. Así que decidió abrir un taller mucho mejor llamado “Ann Lowe’s Gowns”, en la ciudad de Nueva York.

A lo largo de su carrera, Lowe fue conocida por ser muy selectiva al elegir a su clientela. Más tarde, se describió a sí misma como “una horrible snob”. Llegó a crear diseños para varias generaciones de las familias Rockefeller, Lodge y Du Pont.

El momento álgido de su carrera llegó en el año 1953. En ese momento, la madre de Jacqueline Lee Bouvier, futura esposa de John F. Kennedy, le pidió que diseñara el vestido de novia para su hija. Ann creó un diseño innovador con escote de barco. Terminó marcando tendencia. 50 metros de tafetán color marfil para confeccionar todo el vestido y sus bordados florales los encontramos en el vestido, guantes y velo. El encaje del velo vino directamente de Venecia para la boda, la cual fue calificada como la boda del siglo. Pero no solo se creó el traje de la novia, también se confeccionaron los trajes rosas de las damas de honor.

Jackie Kennedy con el vestido de novia. Fuente: De Bulevar

El precio acordado había sido de 500 dólares por todo, una cantidad muy por debajo para lo que costaron los materiales y la mano de obra.

El reconocimiento como diseñadora, que tuvo Ann Cole Lowe tras crear el vestido de novia más valorado de todos los tiempos, fue nulo. Ningún medio de comunicación mencionó su nombre. Todo esto era muy mezquino, ya que todo el mundo sabía que Ann Lowe era la diseñadora de dicho vestido. Ann se convirtió en el secreto mejor guardado de la alta sociedad norteamericana.

En 1958, falleció su hijo Arthur debido a un accidente de tráfico y Ann comenzó a tener problemas de liquidez. Las clientas se aprovechaban de su buena voluntad. Tanta desidia supuso el cierre de su negocio, ya que no podía hacer frente a las facturas que tenía que pagar y se puso a trabajar para otra diseñadora, pero este trabajo le duró poco.

A pesar de todas las dificultades, en 1968 abrió un nuevo taller bajo el nombre “Ann Lowe Original” en Madison Avenue. Convirtiéndose así en la primera diseñadora afroamericana en tener un lugar en un sitio tan prestigioso, diseñando modelos exclusivos para la alta sociedad de la época.

Ann Cole Lowe en su taller. Fuente: Wikipedia

Pero la persecución de Hacienda por no haber abonado los impuestos atrasados, la llevó a pedir ayuda a los grandes almacenes para los que había trabajado. Estos le prestaron dinero, pero no fue suficiente. Entonces, cuando todo estaba prácticamente perdido, una persona anónima pagó la deuda entera. Hoy en día se sigue sin saber la identidad de dicha persona. La prensa americana de aquella época, apuntó a que podría haber sido Jackie, viuda de J.F. Kennedy.

Ann reabrió su negocio y lo mantuvo en auge hasta los 71 años, edad a la que decidió jubilarse. Cuentan que en su mejor época, tuvo trabajando para ella a 35 personas y realizaban unos 1000 vestidos al año. Falleció en febrero de 1981 tras una larga enfermedad.

En ambas imágenes se puede apreciar esas flores de tela que tanto caracteriza a la diseñadora. Fuente: Pinterest

Ann Cole Lowe había tenido éxito en el terreno profesional, pero su clientela nunca se atrevió a darle el reconocimiento público que merecía. Finalmente, cumplió su sueño, pero hasta su muerte fue el secreto mejor guardado de la sociedad americana.

Reconocimiento.

El prestigio y reconocimiento le llegó en el año 2000, cuando en el museo de John F. Kennedy incluyó el vestido de novia de Jacqueline. Al contemplarlo se podía leer que era un diseño original de Ann Cole Lowe. Desde entonces, su figura fue reivindicada y se pueden encontrar otros modelos de la diseñadora en el Fashion Institute of Technology, en el Metropolitan Museum of Art y en el Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana. También se han escrito varios libros infantiles sobre su historia para que sirva de inspiración a otras niñas afroamericanas para alcanzar sus sueños.

Vestido de tul blando y terciopelo rojo diseñado en 1950. Fuente: Pinterest



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